René Magritte

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René Magritte

El Pompidou le dedica una antología imprescindible

René Magritte, absorbió las propuestas de los ready-mades de Duchamp y quiso trasladarlas a sus lienzos, pero en ellos no le preocupó tanto componer escenas surrealistas como construir enigmas con componentes de la realidad más o menos cotidianos como materia prima, y subrayando además lo absurdo del proceso.


Sus rompecabezas pictóricos son populares y encantadores, pero eso no les resta un ápice de dificultad: nos encontramos ante juegos de pensamiento que cuestionan la realidad de forma radical y que, aparte de invocar lo inconsciente, desconciertan intencionadamente al espectador y desafían sus mecanismos de percepción habituales al enfrentarlo a elementos a priori dispares e incompatibles entre sí. Al hacer salir una locomotora de una chimenea, no nos sitúa ante un cuento infantil: pretende que nos detengamos a pensar sobre la naturaleza de lo real y sobre nuestras suposiciones tácitas respecto a ella, sobre el papel del arte y la posibilidad de adoptar otras formas de contemplarlo.

Retrospectiva muy ambiciosa, «Magritte: la traición de las imágenes» se propone revisar en el Centro Pompidou de París el puesto de René Magritte (1898-1967) en la historia general de la pintura moderna, al mismo tiempo que participa en un majestuoso proceso de revisión de los cánones establecidos con la difunta tradición de las vanguardias. Didier Ottinger,comisario de la exposición, ha reunido dos centenares de obras maestras, celebérrimas, en muchos casos, que permiten al gran público y a los especialistas una revisión de toda la obra del gran creador, uno de los pilares de la historia del arte surrealista.

En sus primeras pinturas criminalistas decidió dar la vuelta a situaciones familiares: en El asesino amenazado, el verdugo es la víctima; en La diversión, una chica devora a un pájaro y en El sonámbulo, el hombre que camina dormido pasea por una habitación que no se nos presenta a oscuras sino iluminada por un farol.

La concepción de Magritte de una interacción entre pintura y poesía, entre objeto e idea, o entre magia y reflexión se aprecia claramente en las obras en las que se niega, a través de la palabra, la identidad, en principio evidente, del objeto reproducido. Y sí, hablamos, por ejemplo, de Esto no es una pipa. Magritte repitió el tema nada menos que cuatro décadas después, poco antes de morir, pero entonces el cuadro de la pipa con su título negativo y desafiante estaba colocado dentro de un caballete, formando parte de un cuadro mayor que contenía una pipa de mayor tamaño flotando en un espacio vacío.


El título, irónico, de esta última obra era Los dos misterios y, como en la inicial, Magritte venía a indicarnos que una pipa representada no es una pipa real. La pipa flotante en la pintura más tardía alude de nuevo a ese hecho, pero no es más real o tangible que la pipa original, solo una reproducción bidimensional de la misma.

En su introducción al catálogo de la exposición, Ottinger inicia el proceso de revisión de la obra de Magritte estableciendo un paralelismo indispensable con la obra capital de Marcel Duchamp: «Magritte pintó “La traición de las imágenes” entre 1928 y 1929. Se trata, en cierta medida, de un manifiesto. La obra “representa” una “pipa”. Pero, en verdad, el artista nos está diciendo otra cosa: “Esto no es una pipa”. Si Duchamp hizo su crítica de la pintura tradicional, en parte, con recursos no pictóricos, Magritte somete a las imágenes tradicionales a una reflexión crítica, radical e intransigente».

Y si la realidad no devora vuestras ilusiones, es posible que algunos de vosotros podáis acercaros al Centre Pompidou de París antes del 23 de enero de 2017. Esa es la fecha en que se cerrará “La trahison des images”, que reúne tanto las obras emblemáticas de Magritte  como otras menos conocidas, cedidas por colecciones públicas y privadas: en total se exhiben un centenar de pinturas, dibujos y documentos de archivo.

Esta gran monográfica sigue la estela de las que el Pompidou ha dedicado a otras grandes figuras del arte del s XX, como Munch, Matisse y Marcel Duchamp, y precisamente se centra en el interés del surrealista belga por la filosofía, patente en una publicación muy recomendable para acompañar la visita a esta muestra: Ceci n’est pas une pipe, de Michael Foucault, que se publicó en 1973 y que ayuda a entender el cuestionamiento de la representación formulado por Magritte (es más fácil de encontrar en bibliotecas que en librerías).