Así es la edad dorada del fotolibro español

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Así es la edad dorada del fotolibro español

De la mano del fotógrafo Alberto Lizaralde, finalista en el concurso del fotolibro iberoamericano de la Editorial RM, repasamos la proliferante escena nacional de este género.

Por RAMÓN PECO

Hace no tanto tiempo una única foto bastaba para sobresaltarnos, concienciarnos o emocionarnos. Pero llegó internet y con él se multiplicaron las imágenes que vemos a diario. Entre otras cosas porque la red no tiene los límites físicos del papel. Lo que provoca que un frenético flujo de imágenes intenten captar nuestra atención. Aunque, contra todo pronóstico, los nuevos sistemas de impresión y, sobre todo, las ganas de algunos fotógrafos de contar historias en el viejo soporte del papel han logrado que el libro de fotografía –o fotolibro, como muchos prefieren llamarlo– viva una edad dorada.

 

Horacio Fernández, comisario y director de PhotoEspaña entre 2004 y 2006, augura larga vida al fotolibro. “El fotolibro ha llegado para quedarse”, afirma desde una mesa del Café Comercial, un lugar histórico para las tertulias. “Deja-vu”, como diría Ralph Gibson. “Hoy asistimos a una búsqueda de público y de comunicación por parte de los fotógrafos. Antes solo había una vía comercial para mostrar las fotos: las revistas y la publicidad. Esta generación ha intentado hacer visible su trabajo de otra forma, con fotolibros, fanzines… Seguramente habrá una bajada, siempre hay subidas y bajadas en la montaña rusa del arte, como en los años 80 y 90, cuando casi no se producían fotolibros, y eso que se hacían cosas de mucha calidad”, matiza Horacio.

“Libros de fotografía se han hecho desde que la tecnología lo permitió. Lo que sucede ahora es que se les está dando más protagonismo y se están viendo las posibilidades de este medio”. Palabra de Eloi Gimeno, el diseñador que ha contribuido a crear Karma, de Óscar Monzón, considerado el mejor primer fotolibro del año en Paris Photo 2013. “El libro se quedará, pero posiblemente el interés de coleccionistas y de personas dispuestas a pagar grandes cantidades de dinero por libros nuevos acabará desapareciendo. Como en todo, el tiempo pone las cosas en su sitio”, añade Eloi.

El libro de Óscar Monzón ha sido coeditado por la francesa RVB y por Dalpine, una distribuidora de libros online que ha contribuido de forma decisiva a impulsar la cultura de los fotolibro en España. “Es una tendencia que ha ido afianzándose a lo largo de varios años. Los fotógrafos confían cada vez más en este formato para dar a conocer su trabajo y que este llegue a un público más amplio”, reflexionan los fundadores, José Manuel Suárez y Sonia Berger.

En nuestro país se está dando una importante concentración de talento en estos últimos tiempos en torno a los libros en los que prima la imagen fotográfica. Nos lo confirma el fotógrafo Alberto Lizaralde, con el que hemos hablado tras quedar su trabajo ‘Everything will be ok’ finalista en el concurso del fotolibro iberoamericano de la Editorial RM.

“Varios fotolibros españoles han sido elegidos como algunos de los mejores del mundo en los últimos años”, nos comenta. “Eso es motivo de alegría. Hablo de fotógrafos como Antonio Xoubanova, Ricardo Cases, Óscar Monzón o Julián Barón (miembros del colectivo B

lankPaper), que han hecho libros que han marcado un antes y un después en el fotolibro español. Hablo de fotógrafos como Juan Valbuena, que monta una pequeña editorial llamada Phree y lanza fotolibros como PIGS, de Carlos Spottorno, que atrae inmediatamente la atención internacional. Hablo de fotógrafos independientes como Cristina De Middel, que autopublica su fotolibro Afronauts y es aclamado como uno de los mejores libros de fotografía del año en todo el mundo. Hablo de gente como Aleix Plademunt, que coedita su fotolibro con una de las mejores editoriales de fotografía del mundo como es Mack”.

Pero Lizaralde también señala entre sus favoritos dos fotolibros de un veterano como es Cristóbal Hara: ‘An Imaginary Spaniard’ y ‘Autobiography’. 

Precisamente uno de estos personajes clave para Lizaralde, Juan Valbuena, nos pone sobre la pista de algunos hitos en el desarrollo del fotolibro español hasta el momento actual. Menciona, por ejemplo, “la colección Palabra e Imagen que la Editorial Lumen hizo en los años sesenta; el fallido libro ‘España Oculta’ de Cristina Garcia Rodero editado por Lunwerg; los meritorios editores periféricos Paco Salinas de Mestizo e Ignacio Gonzalez de Photovision, que parieron maravillas como la colección Lo Mínimo; el conocido internacionalmente Fauna de Fontcuberta y Formiguera’; los necesarios libros de ‘Photobolsillo’ de La Fabrica; los estupendos fanzines de Fiesta; la impagable labor de la Universidad de Cadiz al haber fomentado la edición de libros.

Jaime Narváez es un experto en el diseño de fotolibros que comenzó a interesarse por ellos hace muchos años. Ya en la década de los noventa, cuando estudiaba la carrera de Bellas Artes, realizó algunos experimentos en forma de libro fotográfico. Desde entonces ha colaborado en la producción de casi una decena. Al preguntarle que causas hay tras el auge de esa clase de proyectos nos dice que “la crisis particular del medio impreso, ha impuesto una criba de la que, en mi opinión, un tipo de libro vinculado al arte ha salido reforzado. Por otro lado, cada vez son más los artistas que entienden la edición como una opción más. Por ejemplo, aquellos que se sienten más cómodos haciendo un libro en vez de una exposición. También se dan factores exclusivamente técnicos, como la imprenta digital y el libro a demanda”.

A pesar de este momento dulce el fenómeno en nuestro país no deja de ser minoritario, peculiar y ajeno al mainstream de la gran industria cultural. Aunque alguna institución, como señala Valbuena, ha comenzando a tomar cartas en el asunto: “la biblioteca del MNCARS va comprando muchos de estos nuevos libros y parte de los publicados en los últimos años. Además se han donado las mas de 100 referencias del llamado Inventario Book in Progress de libros independientes y autoeditados en España desde el año 2000”.

Para adquirir estos libros debemos recurrir a canales como Dalpine, una librería online especializada en ellos. De hecho, Valbuena les señala como uno de los culpables del auge del fotolibro español. Junto a los colectivos de fotógrafos Nophoto (al que el mismo pertenece) y Blankpaper, otros actores fundamentales para este editor son “Siete de un golpe, el espacio de consultoría editorial que ha hecho viables un montón de libros aparentemente autoeditados por sus autores y AG Palermo, la imprenta que ha abierto de un modo decidido el camino hacia una impresión digital que permite tiradas mas cortas y, simultáneamente, ha mantenido la posibilidad de seguir imprimiendo en offset a precios razonables muchos de los libros de estas nuevas editoriales independientes”.

 

El síndrome del fanzine

La autoedición es casi siempre una seña de identidad de los fotógrafos que usan el libro como principal cauce de expresión. Entre otras cosas porque permite una gran libertad. Lizaralde lo explica así: “No sé si mi libro lo acabaré autoeditando. Lo que sí sé es que acabará viendo la luz y que cualquier persona podrá comprarlo. De una forma o de otra. Si una editorial quiere publicarlo me parecerá perfecto siempre y cuando me permitan tener el control absoluto sobre el resultado. No permitiría ningún tipo de concesión en contra de lo que quiero hacer a cambio de que una editorial me publique el libro. No pretendo ganar dinero vendiendo el libro, eso no me interesa lo más mínimo, sólo necesito que el libro se haga realidad”.

Aunque bastantes fotolibros mantienen el espíritu libre de la autoedición de los fanzines, el nivel de profesionalización puede llegar a ser muy grande. Superior incluso al de muchos libros producidos por grandes editoriales. Muchos fotógrafos recurren, tras realizar el proceso de selección y organización de las fotos, a un diseñador especializado, como Narváez. Al preguntarle que fórmula emplea para convertir en libro proyectos que con frecuencia son muy personales nos responde con algo que da que pensar: “Entender el contenido y no necesariamente que te guste dicho contenido”.

Valbuena, que ha trabajado en varios proyectos con Narváez, señala que “una razón fundamental por la que se hacen mejores libros ahora es porque los fotógrafos hemos aprendido a consultar con editores y a contar con buenos diseñadores. De hecho, el libro se hace al menos entre cuatro agentes: fotografo, editor, diseñador y productor”. En esa última categoría engloba a los expertos en preimpresión, a los impresores y a los encuadernadores.

Visto lo visto, parece probable que dentro de unos años, cuando los historiadores del arte analicen este periodo, seguramente reconocerán la importancia de los mejores fotolibros. Entre otras cosas porque ese puñado de rebeldes que son sus autores están teniendo el valor de desafiar a la depresión cultural reinante. 

 

 

Fuentes:

http://www.yorokobu.es/fotolibro-la-fiebre-que-devora-europa/

http://www.revistavanityfair.es/moda/tendencias/articulos/asi-es-la-edad-dorada-del-fotolibro-espanol/18104

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