San Sebastián es todo cine

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San Sebastián es todo cine

Agnès Varda: “Hay que estar siempre reinventando la vida”

 

La cineasta belga, única realizadora de la Nouvelle Vague, recibe a sus 89 años el Premio Donostia.

El Festival de San Sebastián comienza su edición número 65 sin ningún ánimo de jubilarse. El certamen cumple, a priori, con sus cuotas de buen cine, glamour, y premios honoríficos. Un clásico del cine europeo como Wim Wenders inaugura la competición el jueves 22, acompañado de la oscarizada Alicia Vikander, con la proyección de Inmersión.

Es el arranque de nueve días cargados de razones para estar pendiente de (o acercarse a) San Sebastián. ¿O en qué lugar sino en un festival de categoría A pueden coincidir el actor fetiche de la Nouvelle Vague, Jean-Pierre Léaud, con todo un exgobernator como Arnold Schwarzenegger? La Concha de Oro y demás galardones los decidirá el jurado que preside John Malkovich.

Ni se jubila el festival, ni piensa retirarse la única mujer directora de la Nouvelle Vague.

Agnès; mezcla explosiva y maravillosa de ternura y radicalidad, de energía y calidez, Agnès Varda se ha convertido en la envidia del Festival de Cine de San Sebastián. Todos van saliendo arrebatados tras apenas unos minutos a su lado. A sus 89 años, la cineasta francesa recibe el Premio Donostia tras una carrera brillante en la que ha tocado todos los palos, la fotografía, el documental, la ficción o las artes plásticas.

Es una mujer arrolladora y curiosa que habla con pasión pero también con tranquilidad del feminismo, el caos en el mundo, la situación catastrófica del mundo laboral, la vejez o la muerte.

Convencida del poder de transformar el mundo, le gusta mucho a Agnès Varda una frase de Simone de Beauvoir: “Uno no nace mujer, se hace”. “La conciencia femenina se va construyendo y el feminismo se hace con los hombres. Hacemos lo que podemos con la realidad. El cine viene de la vida y es por eso por lo que todo mi cine viene de mi vida como mujer, pero también como ciudadana, como madre o abuela. Todo lo que está en la vida se puede transformar y más en este mundo que es un caos y un horror. Yo no busco éxitos comerciales, ni dinero con mi cine, lo que quiero crear como artista son vínculos y sentimientos de fraternidad y ternura entre la gente”.

Nacida en Ixelles, Bruselas, en 1928, Agnès Varda pasó su infancia en Bélgica con sus cuatro hermanos. En 1940 la guerra hizo que la familia se mudase al sur de Francia. Agnès pasó su adolescencia en Sète y después en París, donde cursó el bachillerato, para después estudiar en el Louvre y en la escuela nocturna Vaugirard, donde cursó fotografía. Ha vivido en la rue Daguerre de París, en el distrito 14, desde 1951.

Varda se convirtió en fotógrafa para Jean Vilar, fundador del Festival de Avignon, en 1948, y después para el Théâtre National Populaire (TNP) (donde brillaba, entre otras, la estrella del cine Gerard Philipe).

En 1954 realizó su primera exposición en solitario en su patio, a la que siguieron varios reportajes en China y Cuba. A lo largo de sus viajes y a través de las personas a las que conoció, realizó varios retratos de personas tanto desconocidas como famosas.

Sin tener ninguna clase de formación, Agnès Varda se pasó al mundo del cine. Creó su propia pequeña compañía, Ciné-Tamaris, para producir su primer largometraje, La Pointe-Courte (1955), que escribió y dirigió. Más adelante le valdría el título de “Abuela de la Nouvelle Vague”.

La radicalidad ha marcado el cine de esta mujer desde su primer filme. Entre sus películas más conocidas se incluyen: Cléo de 5 à 7 (Cleo de 5 a 7, 1962), Le bonheur (La felicidad, 1965, Oso de Plata en el Festival de Berlín), Sans toit ni loi (Sin techo ni ley, 1985, León de Oro en el Festival de Venecia), Jacquot de Nantes (1991), Les glaneurs et la glaneuse (Los espigadores y la espigadora, 2000, premio Gold Hugo en el Festival de Chicago).

En 2008 Les plages d’Agnès, un poético y juguetón autorretrato fílmico, encontró eco entre el público y ganó en Francia el premio César al Mejor Documental. Entre 2010 y 2011 escribió y dirigió la serie documental Agnès de ci de là Varda (compuesta por 5 episodios de 45 minutos), en la que registraba un viaje abierto y encuentros con artistas contemporáneos en diveros países.

Su trabajo cinematográfico más reciente, Visages, Villages (Caras y lugares), codirigido con el artista JR, fue presentado fuera de concurso en la Sección Oficial del Festival de Cannes de 2017 y será estrenado en España en el marco de esta edición del Festival de San Sebastián.

Maestra del género documental, Agnès Varda defiende lo que ella califica de “auténtica escuela de la modestia”. “El documental te pone al servicio de los sujetos. El cineasta se convierte así en un intermediario entre los personajes y el público”.

Entre los galardones concedidos a su carrera, destacan el Leopardo de Honor del Festival de Locarno (2014) y la Palma de Oro de Honor del Festival de Cannes (2015).

El próximo mes de noviembre, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood le entregará un Oscar honorífico por el conjunto de su carrera.

Cuando a Agnès Varda le anunciaron desde la Academia de Hollywood que había sido elegida para recibir un Oscar de honor en la próxima ceremonia en Los Ángeles, la cineasta belga hasta pensó en rechazarlo. “Fue mi hija la que me dijo que no podía hacerlo. Me llena de orgullo y placer, porque eso significa que a la gente le sigue gustando mi cine, pero me parece una broma porque los Oscar están dedicados a premiar a gente conocida, a aquellos que hacen mucho dinero, que son casi como si fuesen auténticos bancos. Yo soy todo lo contrario, soy una cineasta al margen de la industria”, dice la directora.