Kazuo Ishiguro, un Nobel de cine

posted in Arte

Kazuo Ishiguro, un Nobel de cine

Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura 2017.

Pero la carrera de este escritor inconformista tiene mucho de cine, y de televisión. 

Ishiguro nació el 8 de noviembre de 1954 en Nagasaki (Japón), pero se trasladó a Inglaterra a los cinco años con su familia a Surrey, Inglaterra, donde a su padre le ofrecieron un trabajo como oceanógrafo. Su puerta de entrada a la lectura fueron las aventuras del muy británico Sherlock Holmes, que leía de niño en la biblioteca local. Estudió literatura inglesa y filosofía en la universidad de Kent. Después cursó el prestigioso posgrado de escritura creativa de la universidad de East Anglia, donde tuvo de profesores a Malcolm Bradbury y Angela Carter. Aunque en sus novelas perdura cierta pureza oriental, se trata de un escritor británico, acaso transnacional, que empezó a escribir como guionista para televisión cuando estos todavía no eran considerados como los grandes escritores que elevan las series por encima del cine y la literatura, por lo menos para el consumidor medio, el más numeroso.

Escritor audaz y meticuloso, es autor de siete novelas, que escribe en inglés, todas publicadas en español por Anagrama. La última, El gigante enterrado, explora también, en esta ocasión desde el género fantástico, cómo la memoria se relaciona con el olvido, la historia con el presente y la ficción con la realidad. También ha firmado libros de relatos y guiones de cine y televisión. Admirador de Dylan, su predecesor en la lista de los Nobel, toca la guitarra y ha escrito letras para el cantante de jazz Stacey Kent.

El jurado ha destacado “sus novelas de gran fuerza emocional que han descubierto el abismo bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”. Ya desde su primera novela, Pálida luz en las colinas (1982), la prosa de Ishiguro ha explorado los conflictos entre la experiencia y la memoria. Tema que resulta aún más evidente en Los restos del día (1989), su tercera novela, que ganó el premio Booker y en cuya adaptación cinematográfica Anthony Hopkins interpretó al mayordomo que sirve a un aristócrata inglés en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. “En mi carrera he mirado a individuos que sufren enfrentándose a los recuerdos de su pasado, algo aplicable también a las comunidades y a las naciones. Como autor, una de las cosas que me fascinan es determinar cuándo es mejor recordar y cuándo es mejor olvidar”, ha explicado este jueves en Londres.

Entre los primeros trabajos reseñados de este ex alumno de Angela Carter y Malcom Bradbury están las TV Movies ‘A Profile of Arthur J. Mason’ y ‘The Gourmet’, dos guiones originales escritos para Channel 4 y la BBC, respectivamente, en 1984. Para entonces, Ishiguro ya había publicado su primera novela, ‘Pálida luz en las colinas’, que salió a la luz en 1982, y aun no ha sido llevada al cine.

Ishiguro no vería una de sus novelas proyectadas en la pantalla hasta la muy british ‘Lo que queda del día’ (James Ivory, 1993), que se estrenó tan sólo cuatro años después de la publicación de ‘Los restos del día’, su tercera novela, que fue también la de su consagración absoluta ante el público y la crítica. Tras el muy sacrificado mayordomo encarnado por Sir Anthony Hopkins, vino otro film de Ivory, esta vez con Ralph Fiennes y la malograda Natasha Richardson, con un guion firmado por Ishiguro expresamente para la pantalla. Ambientada en el Shanghai de los años 30, era una historia de pasión ciega, sobre todo si tenemos en cuenta que el personaje de Fiennes era invidente.

‘Lo que queda del día’ es una adaptación nada fácil, con todo, cuidada hasta el más mínimo detalle, filmada en impresionantes localizaciones de los más bellos parajes ingleses, y bajo la que late una nostalgia y una melancolía más susurradas que mostradas, y que por eso causan mucha más mella en el espectador.

La magistral dirección de fotografía de Tony Pierce-Roberts, que propone un viaje en el tiempo sin fisuras; el exacto y bellísimo diseño de producción de Luciana Arrighi, que reconstruye dos épocas pasadas; la evocadora música de Richard Robbins, tan persistente como la personalidad de Stevens; la pausada y sosegada, bajo la que palpita una tensión casi insostenible, puesta en escena de Ivory, hacen de este filme algo irrepetible. Nominada a ocho Oscar, no ganó ninguno.

Mi secuencia

Mi secuencia favorita es el alto en el camino que efectúa Stevens en su viaje para reencontrarse con la señora Kent. En ese alto, en el que Stevens duerme en una de esas preciosas posadas inglesas, ocurren tantas cosas que no se dicen, Hopkins desvela parte del dolor que durante tanto tiempo le ha atenazado… que siempre que la veo una inexplicable pesadumbre me deja sin respiración. Es la secuencia de un hombre que ha sido prisionero de sí mismo y de su pasado y que sabe que tiene la última oportunidad de enmendarlo todo. Más belleza no se le puede pedir al cine.

 

‘Lo que queda del día’ (1993).

 

Luego vino la adaptación de ‘Nunca me abandones’, su penúltima novela, que también ha sido adaptada para la televisión nipona. El film de Mark Romanek tenía a Keira Knightley, Carey Mulligan y Andrew Garfield en los principales papeles, y el guion corría a cargo de su buen amigo Alex Garland, el director de ‘Ex machina’ (2014). No en vano ‘Nunca me abandones’ es una fascinante ucronía situada en un 1994 alcanzado tras erradicar, ya justo después de la Segunda Guerra Mundial, todas las enfermedades. La buena salud tenía sin embargo un coste. El eterno conflicto entre la ética humana y los avances científicos.

Seré lo más franca; no tenía la más mínima idea de lo que iba a ver. No sabía que era un film adaptado, desconocía la sinopsis, desconocía el proyecto y solo lo vi atraída por unas cuantas críticas previas (incluso algunas cargadas de negatividad), y por el reparto que contenía, un trío actoral joven y destacado. Tras visionarlo, quedé completamente satisfecha, tal vez fué la mayor sorpresa fílmica de lo estrenado en el 2010.

Todos “completamos”. Quizá ninguno de nosotros entienda realmente qué ha vivido, o sienta que tuvimos suficiente tiempo. (Kathy H. / Carey Mulligan)

‘Nunca me abandones’ (2010)

 

Aunque, lejos de las preferencias del gran público, la mayor contribución al cine de este autor inasible (que tiene la gran virtud de reinventar su literatura con cada nueva novela, y no de clonarlas) es, a buen seguro, el guion original de la muy excéntrica ‘The Saddest Music in the World’ (Guy Maddin, 2003), con aquella Isabella Rossellini con aquellas piernas de cristal. Una imagen icónica e imborrable.

El peculiar cineasta canadiense Guy Maddin ha dirigido más de una treintena de películas, entre largometrajes y cortometrajes, aunque destaca especialmente por la gran cantidad de cortos que tiene en su haber. La mayoría de sus trabajos cinematográficos tienen la constante de la mixtura de géneros y formatos, en los que recrea el aspecto y la sensación de los años veinte del siglo pasado, con claras reminiscencias del expresionismo del cine mudo y de los principios del cine sonoro bajo su particular prisma, caracterizado por la experimentación vanguardista fuera de las normas narrativas, estéticas y estructurales del cine convencional, y un sentido del humor irreverente y pasado de vueltas que acopla a temáticas utilizadas frecuentemente a modo de clichés en el cine clásico. Siempre al amparo de pequeños formatos cinematográficos como el super 8, los 8mm, y los 16mm, el inconformista e imprevisible autor canadiense tiene un apego muy grande a Winnipeg, la aislada población que le vio nacer, a la que le dedicó uno de sus trabajos más logrados, My Winnipeg, y también es el escenario de la cinta que nos ocupa, producida por Atom Egoyan, otro ilustre cineasta canadiense, e inspirada (imagino que muy libremente) en el guión de Kazuo Ishiguro.

 

‘The Saddest Music in the World’ (2003).

 

https://elpais.com/cultura/2017/10/05/actualidad/1507187608_482902.html
http://www.fotogramas.es/Noticias-cine/Ishiguro-y-el-cine