La Mirada fotográfica de Emmanuel Lubezki

Para nosotros y la mayoría de aficionados al cine, nombrar la mirada fotográfica de Emmanuel Lubezki es nombrar al Director de Foto, con mayúsculas, al seductor del plano secuencia.

La mirada fotográfica de Emmanuel Lubezkiy el arte de la seducción en el plano secuencia

Supone un enorme desafío hacer referencia a la obra de uno de los mejores directores de fotografía de los últimos tiempos.

Emmanuel Lubezki, más conocido como ‘Chivo’, ha sido capaz de proponer una nueva estética revolucionaria a la historia del nuevo cine contemporáneo. La profundidad de campo escogida y su extraordinaria audacia perspectiva le han catapultado casi desde sus inicios hasta la actualidad, donde su nombre suena en cada película del realizador mexicano Alejandro González Iñárritu. (Menos en esta que actualmente está rodando Iñárritu porque el Chivo cuenta con una agenda imposible. A modo de anécdota, Lubezki ha animado a Iñárritu a ser el Director de foto, además de director, de su actual film… a ver qué sale)

Para comprender este tándem es necesario echar la vista atrás en la larga trayectoria profesional de este director de cámara nacido el 30 de noviembre de 1964 en Ciudad de México. Estudió cinematografía en una de las escuelas de cine más importantes de su país natal, el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC). Desde bien pequeño se interesó por el estilo propuesto por directores de cine italianos como Federico Fellini y Pier Paolo Pasolini. Asimismo, a Lubezki le fascinaban las películas de Coppola y Scorsese.

 

 

El mexicano se ha labrado una carrera llena de éxito y prestigio, dando forma a los sueños de muchos de los cineastas más importantes de la actualidad. Sus trabajos son diferentes, con universos distintos, pero el sello de Lubezki es siempre reconocible. Este fotógrafo ha hecho grandes trabajos para brillantes películas que le han valido el reconocimiento de tres Oscars consecutivos de la Academia y a ser considerado ya uno de los más destacados de la historia.

 

Lubezki ha trabajado con prestigiosos directores como Tim Burton en “Sleepy Hollow” (1999), Michael Mann en “Ali“ (2001) o los hermanos Coen en “Quemar después de leer” (2008). Buenos trabajos con directores con un estilo muy personal y definido en los que Lubezki se adaptó a sus exigencias estéticas, pero en los que cuesta ver las señas de identidad que han terminado convirtiéndose en su marca de estilo.

 

De hecho, Lubezki ha creado un estilo propio gracias a su trabajo con algunos autores, con los que ha repetido y con los que ha podido explotar más su talento y su estilo naturalista y realista, a la vez que poético y con fuerte carga emocional.

De sus tres trabajos con Terrence Malik, “El árbol de la vida” (2011), “To the wonder” (2012), “Knight of Cups” (2015) y “Song to song” (2017) destaca el uso de la luz natural, los grandes espacios abiertos en los que juega con puestas de sol y una delicada relación de la cámara con el personaje, siempre buscando momentos de intimidad y verdad.

De su relación con Alfonso Cuarón en las películas “Y tu mamá también” (2001), “Hijos de los hombres” (2006) y “Gravity” (2013) destacan el uso de largos planos secuencias que dotan de realismo y continuidad; el uso de la cámara en mano, los contrastes entre noche y día y el brillante uso de los efectos visuales totalmente integrados en la puesta en escena.

 

Por último, de sus dos trabajos con el también mejicano Alejandro González Iñárritu destacan, además de los grandes planos secuencias, el uso del color en tonos rojos y verdes, la luz de los amaneceres, el sentido fantástico, mágico y místico que desprenden sus imágenes y, al igual que en el caso de Cuarón, el realismo de la integración de los efectos visuales.

Cuando un espectador accede a alguna de las películas en las que ha participado el Chivo lo nota de manera instantánea.

Este director de fotografía ha logrado imponer y desarrollar una nueva concepción del lenguaje cinematográfico que con un simple pestañeo remite a la realidad de sus historias. Sus imágenes, caracterizadas por una cuidada profundidad de campo, mantienen las mismas líneas artísticas durante todas sus producciones: el personaje no es el único protagonista de la historia sino que el contexto en el que se inmiscuye supone un rol primario en su desarrollo personal.

Lubezki le proporciona la misma importancia a la situación que rodea el evento filmado que al protagonista que vive y sufre las consecuencias que el entorno en el que se desarrolla la acción le proporciona. La cámara constituye un personaje más en la narración y sus imágenes cuentan más que lo que incluyen los diálogos.

 

Para darle un aspecto más real y documental a lo que filma, utiliza el plano secuencia de gran angularidad para hacer creer al espectador que la película no ha sido objeto de manipulaciones. El que ve el largometraje a través de la pantalla tiene la posibilidad de sentir lo que le ocurre al personaje en primera persona.   El tratamiento lumínico tiende a ofrecer realismo y naturalidad, decantándose por los colores fríos que ofrecen grises y azules en su mayoría. Además, el uso del ‘steadycam’ o cámara en mano o sobre el hombro centra diversos puntos de interés para la óptima comprensión de las acciones de los actores.

 

 

La mirada fotográfica de Emmanuel Lubezki concede imágenes táctiles, se sumerge en mundos de gran potencia visual que se adecuan al origen visceral de las historias que narra. No obstante, el cinematógrafo no solo se caracteriza por la inclusión de todos los elementos del encuadre en la historia, sino que también sus diversos planos proponen distintas perspectivas.

Así, mientras que en los planos conjuntos muestra el desarrollo de las relaciones de convivencia entre el personaje y el espacio que le rodea, hace uso de primeros planos para enfatizar en el estado emocional del mismo, para retratar una mirada, una emoción o una reacción.

La visualización del trabajo de Lubezki no hace sino contagiar al espectador del aura de la historia y lo introduce en una atmósfera sin límites de la que le será imposible despegarse de la butaca hasta la llegada de los créditos finales.

Sin duda, Lubezki es todo un referente y un maestro siempre preparado para un nuevo desafío.

Os dejamos 60 segundos de Lubezki donde seguro reconocéis más de un título.