Roger Deakins y la filosofía de un artista

Roger Deakins como uno de los grandes genios de la fotografía en el cine.

En Blanko no sólo somos fotógrafos de bodas, somos cineastas que llevamos la filosofía y el modus operandi del cine a nuestro trabajo en la fotografía nupcial. Nuestros maestros son artistas de trayectorias profesionales innovadoras, atrevidas. Y Roger Deakins, como DOP, merece un altar en nuestro escritorio; no únicamente su capacidad técnica y estética, sino porque Roger Deakins tiene la filosofía de un artista

 

Después de 13 nominaciones al Oscar, y aunque suene casi a chiste, ninguna estatuilla en su haber; conseguir el hombrecillo dorado a estas alturas debe quedar ya en un segundo plano porque el trabajo, al fin y al cabo, está hecho. Y es un buen trabajo que le repesenta como artista a niveles muy altos de cotización visual. Como él mismo afirma:

“Aunque sería estúpido decir que no me alegraría, no estoy seguro de cuánto importan los premios realmente; ¿alguien se acuerda de quién los gana?”

“Deakins representa todo lo contrario a Hollywood. Roger Deakins tiene la filosofía de un artista”.

Deakins junto a una de sus inseparables telas de muselina en el rodaje de ‘Valor de ley

El que, probablemente, —y con el permiso de Lubezki— sea el mejor DOP en activo y uno de los mejores de todos los tiempos, inició su idilio artístico en el campo de la pintura, enrolándose en la Bath School of Art and Design para estudiar diseño gráfico. Allí descubriría su buena mano para la fotografía, empujándole a continuar sus estudios en la National Film and Television School de Buckinghamshire. Los primeros pasos del que hoy es uno de los DOP (director of photography) más importantes del mundo empezó con videoclips y documentales donde aprendió a grabar de forma autónoma sin un director durante varios años.

Roger Deakins con Judi Dench, Daniel Craig y Ralph Fiennes en el rodaje de ‘Skyfall’

Al igual que muchos de los que nos dedicamos a la cinematografía, para Deakins fue crucial entrar en la National Film School para formarse y crear una red de contactos que le permitieron forjar su mirada a través de la grabación de documentales así como empezar en el cine con una primera producción que llegó a Cannes, seguido de otros dos proyectos que asentaron su base como cinematógrafo. Sin esta oportunidad, Deakins confiesa que muy probablemente habría terminado su carrera como fotoperiodista.

Roger Deakins y la filosofía de un artista

 

Construir una carrera como la de Roger Deakins implica, además de contar con un vasto conocimiento del medio cinematográfico tanto a nivel técnico como artístico, tomar decisiones acaben conformando una suerte de filosofía laboral. Los siguientes son los que podríamos definir como elementos clave dentro de la del señor Deakins.

Ser selectivo con el material sobre el que trabajar

«Soy quisquilloso con el tipo de material con el que quiero trabajar; siempre lo he sido. Es muy importante escoger muy cuidadosamente en qué proyectos vas a involucrarte, porque vas a estar rodándolos durante una larga temporada.»

La luz como catalizador de la emoción

«Por una parte, necesitas iluminar un espacio para que puedas ver a los actores pero, más allá de eso, estás creando un ambiente, estás creando un mundo para que esos actores lo habiten y para que la audiencia se sumerja en él.»

Abrazar el documental

«Trabaja con la luz disponible y crea algo con lo que tengas a mano. Eso te enseña que tienes que ser rápido a la hora de encuadrar, encontrar el ángulo y y leer lo que está pasando frente a ti y la cámara.»

Fotografía a favor de la narrativa

 

«No hay nada peor que un plano ostentoso, un gran movimiento de grúa o una iluminación que capte la atención por si misma y te haga pensar ‘vaya, qué espectacular’, pero que no sea necesario para el filme. Te saca de la película y te hace pensar en la superficie, alejándote de los personajes y la historia. Cuando mueves la cámara tiene que significar algo. Tienes que saber por qué lo haces; tiene que tener sentido dentro de la historia y hacerla evolucionar.»

Al servicio del actor…

«Al final, una película puede verse horrible, pero funcionar gracias a una gran interpretación; pero esto jamás sucederá a la inversa. Es algo que siempre merece la pena recordar.»

…y, sobre todo, del director

«Cada filme es el filme de su director, y jamás debemos perder esto de vista.»

Esta frase deja claro que, para Deakins, el actor no debe ser, de ninguna de las maneras, el eje central sobre el que pivote el trabajo de un DOP. Pese a ser un trabajo colaborativo en el que cada miembro del equipo es fundamental, la realización de un largometraje surge de la mente y corresponde a la visión de un director, siendo el director de fotografía el encargado de traducir y moldear su discurso en cámara —y llevarle la contraria cuando sea necesario—.

Los rostros

La otra gran seña de identidad del trabajo de Roger Deakins, relacionada estrechamente con el contraste, es el uso que hace del mismo a la hora de iluminar y trabajar sobre los rostros de sus personajes y el escenario que les rodea, siguiendo unas pautas concreta en la mayoría de los casos.

Economía de material y lente predilecta

Aunque pueda parecer lo contrario vistos los resultados de su trabajo, Roger Deakins suele distinguirse por el económico uso que hace del material. Salvo en el rodaje de planos especialmente elaborados que requieran técnicas y y materiales específicos, el británico prefiere trabajar con el mínimo equipo posible, optando en muchas ocasiones sus inseparables telas de muselina para rebotar la luz por encima de opciones más sofisticadas.

El papel del guión en la imagen

Deakins considera que el material base es imprescindible para trabajar en aspectos importantes de la imagen. La cuestión es que la imagen no cuenta la historia, sino que completa y acompaña a lo que se está mostrando en la cámara. El guión es clave para saber qué es y cómo hay que contar la historia, ya que de ello dependen asuntos tan importantes como los encuadres, la cadencia de planos o la paleta de colores que vamos a usar para contar esta historia. Si no tenemos la motivación suficiente como para querer contar una historia, no merece la pena gastar una colosal cantidad de tiempo en preparar su estética.